Sep 01 2008
¿Se escribe como terapia?
Reproduzco un teletipo de Europa Press que me ha hecho pensar en el título de este artículo:
La gestora cultural y artista formada en arte-terapia Maria Antonia Hidalgo aseguró hoy en el curso de verano de la Universidad Pablo de Olavide, que se celebra en Carmona (Sevilla), que la arte-terapia ayuda a mejorar la calidad de vida de enfermos de Alzheimer, así como de autistas o víctimas de violencia.
Durante el curso ‘La expresión artística como medio para la integración social, arte, creatividad y arte terapia’, esta especialista explicó que “en casos en los que la palabra no basta o no es suficiente, la creatividad sirve para integrarse en el mundo”.
Agregó que el arte como terapia se vale de la creatividad y la creación artística para que las personas construyan su propio modelo de reconocimiento, por lo que abogó por que desde las instituciones públicas y privadas se apueste cada vez más por una programación más aperturista en los museos, “que permita gestionar la expresión artística como el gran recurso para la comunicación y el entendimiento”.
Continuó que el arte como una forma de terapia se remonta a comienzos del siglo XX, aunque puntualizó que su práctica generalizada no vio la luz hasta los años 40, “en gran parte como resultado del trabajo de personajes tan relevantes como Adrian Hill, la primera persona que utilizó el arte como una forma de recreación personal para enfermos de tuberculosis ingresados en un sanatorio”.
A finales de los años 70, la arte-terapia ya fue aceptada como profesión.
En estos tiempos en que la radio La Colifata está de moda, uno puede caer en la tentación de pensar que estas cosas son hermosos caminos nuevos de la psicología y la psiquiatría, nuevas formas de curar.
Pero yo diría que es más, porque no se limita ni mucho menos a los enfermos. Creo que el arte es sanador siempre y para todos.
Pienso en muchos grandes artistas que han encontrado en su arte una terapia que cada cual ha construido a su medida, mucho antes de que la genética pusiera de moda eso de hablar de medicina individualizada. Entre los escritores esa actitud ha sido la de… ¿casi todos?
¿Podríais imaginar uno que no lo haya hecho, ni siquiera un poquito? ¿O creéis que Lovecraft no intentaba sacarse nada de dentro para que le quemara un poco menos? ¿Y Agatha Christie? ¿Escribía novelas de misterio o trazaba conjuros contra la monotonía?
Seguro que hasta los escritores de comedia, como Eduardo Mendoza o Tom Sharpe, tienen en el hábito artístico su pequeño placer balsámico, el mismo deleite privado que para otros puede ser una jornada de pesca, un helado de chocolate o un disco inmortal.
Yo diría que la creatividad es un hábito saludable, como lo de comer cinco piezas de fruta y verdura o practicar ejercicio (sólo que los músculos implicados no son visibles). Un tai chi del espíritu que han practicado las almas felices y atormentadas de todos los siglos.
Y sigue funcionando como el primer día. Yo, ahora mismo, ya me siento mucho mejor.

Durante el curso ‘La expresión artística como medio para la integración social, arte, creatividad y arte terapia’, esta especialista explicó que “en casos en los que la palabra no basta o no es suficiente, la creatividad sirve para integrarse en el mundo”.
